jueves, 1 de diciembre de 2011

modelo ISI 3 Delia, pensamiento de Luis Batlle

Las ideas políticas de Luis Batlle Berres

*D’Elía, Germán:“El Uruguay neo-batllista, 1946-1958”,EBO, 1982, págs. 37-52

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a) La revolución de nuestro tiempo

Uno de los aspectos fundamentales del pensamiento de Luis Batlle lo constituye su ubicación frente a las transformaciones que en ese momento sacudieron al mundo y que él calificó de revolucionarias.

Su discurso al asumir la Presidencia, contiene una definición medular de esas transformaciones y sus inevitables repercusiones en la realidad nacional, así como de la filosofía política que orientará su acción: “[...] no es posible desatender el hecho de que la humanidad está viviendo una violenta revolución social y política que convulsiona a todos los pueblos. Nadie puede pretender que nos pongamos al margen de ese movimiento para abominarlo y apedrearlo; sino que, lo que la hora exige, es entrar y formar parte de esa inmensa columna para orientar el movimiento, para dirigir las fuerzas aunque para ello sea necesario acelerar la evolución.

Nosotros los que fuimos formados en los últimos aleteos de la filosofía liberal del siglo pasado y dimos los primeros pasos hacia la socialización de ciertas actividades del organismo social, comprendemos que tenemos que continuar ese ritmo para encauzarlo por las vías normales. Apresurarse a ser justos, es asegurar la tranquilidad; es brindarle al ciudadano los elementos principales y básicos para que tenga la felicidad de vivir y hasta él lleguen los beneficios del progreso y de la riqueza. Apresurarse a ser justos, es luchar por el orden y es asegurar el orden”. (1)

La idea de la “revolución en el orden” constituye un aspecto importante de su pensamiento y marca la distancia con los movimientos populistas que no desdeñaban el recurso de la violencia.

“[...] lo sabio es continuar por ese camino saliéndole al encuentro a los justos reclamos que haga el pueblo para darles solución a través de la ley conscientemente estudiada, sin esperar reacciones violentas de quienes se sientan desatendidos u olvidados”. (2)

Como veremos más adelante, la justicia social será, por razones que van desde la existencia de un pensamiento definido respecto al destino del país, a las motivaciones meramente electoralistas, uno de los pilares de su ideología.

Ese conjunto de ideas sobre la revolución mundial aparece reiterado en el Mensaje a la Asamblea General en marzo de 1948:

“No se puede apedrear desde afuera la revolución que sacude al mundo. Lo atinado es entrar en ella para dirigir los acontecimientos, para refrenar las actitudes liberticidas y para reconocer y vocear la justicia de ciertos reclamos. Desconocer la convulsión que sacude a los pueblos sería necedad y en cambio pulsar sus movimientos es armarse para mantener el orden y continuar por el camino del progreso. En este aspecto el Poder Ejecutivo se siente fuerte porque se siente justo. La fuerza del poder, puesta al servicio del trabajo, fortificando la democracia en sus formas de libertad y orden constituye un estímulo para los ciudadanos gobernantes”. (3)

Las ideas del progreso y la justicia social, realizables en el marco de la democracia y la libertad, constituyen una constante en el pensamiento de Luis Batlle. Son reiteradas sus referencias a la revolución que conmueve al mundo, su disposición a aceptar el proceso incorporándose a él y la necesidad de una estrategia que permita conducirlo evitando la violencia. “Nuestro movimiento es de reforma de sentimiento revolucionario [...] el orden es fundamental para alcanzar el progreso por el cual vamos luchando”. (4)

No desconoce en ningún momento la importancia de los reclamos populares aunque es constante su preocupación por controlar sus inquietudes: “[...] los pueblos en la calle es una verdad; reclamando y con urgencia, también es una verdad; la revolución en el mundo entero también es una verdad. Locura sería querer detenerla; prudente es no dejarla tomar demasiada velocidad. Pero repito que dirigentes y gobernantes tienen que entrar en ella”. (5)

Consecuente con esos conceptos es el slogan que toma para su movimiento: “Renovación y Reforma”, que expresa el carácter moderado y ordenado de una actitud de permanente cambio. Innumerables editoriales del diario “Acción”, de su propiedad y fiel vocero de sus ideas, lo expresarán en forma constante.

b) Democracia y libertad

Contrariamente a los movimientos populistas, el neobatllismo pone permanentemente el acento en la idea de democracia y libertad y prácticamente en todos los discursos de Luis Batlle se hace referencia a estos conceptos, que constituyen el aspecto medular de su pensamiento.

Esos principios esenciales de la democracia liberal los completará con una dimensión

social: “La democracia no es sólo libertad [...] los pueblos están reclamando algo más. La democracia no tiene por qué suponer necesariamente una evolución lenta en su marcha y discusión prolongada para atreverse a dar un paso por el progreso y la justicia social”.

“Los pueblos deben palpar los beneficios de la existencia de la Democracia; los poderosos gozando de la libertad y de la justicia y los necesitados, de la libertad, igualmente, pero también de la justicia, que ha de llegar hasta ellos sin demora, dando alimento al necesitado y trabajo al obrero y tierras al hombre de campo y bienestar a todos. Con esto no proclamamos la guerra, luchamos por la paz y exigimos orden y respeto y lealtad a la ley; no sometemos al hombre, lo ayudamos en su libertad; no somos clasistas ni formamos castas y sólo queremos el bienestar de todos y aspiramos a que los «pobres sean menos pobres aunque los ricos tengan que ser menos ricos»“. (6)

Se conjugan en el planteamiento los grandes temas del mundo en la inmediata postguerra en torno a las libertades democráticas reforzadas con soluciones de justicia social, junto a una invocación al Batllismo inicial con la reproducción de la conocida frase de José Batlle y Ordóñez. Con ello afirmó la continuidad de un pensamiento orientador de esa fuerza política que propugnaba la superación de las manifestaciones sociales más negativas del capitalismo, sin llegar a una condena del sistema.

En su mensaje a la Asamblea General de marzo de 1948, formulaba conceptos similares: “Se nos hace sentir la necesidad de redoblar nuestros esfuerzos ciudadanos para afirmar y hacer cada vez más justas nuestras leyes y más sólidas nuestras instituciones democráticas... la lucha es una expresión de la energía, una necesidad de la vida, es el único medio de andar y de alcanzar nuevos progresos en la incesante búsqueda de mejorar y perfeccionarse. La lucha en la paz permite alcanzar las conquistas más firmes. La República vive un ambiente de amplio respeto institucional. Los ciudadanos aisladamente o en organizaciones gremiales o políticas, se mueven en el goce de sus libertades”. (7)

Los sucesivos planteamientos reflejan una coherente manifestación de su ideología, en la que los conceptos de libertad, democracia, orden, paz social, pueblo –como una totalidad nacional– aparecen idealmente integrados.

Son esos caracteres, concretados en una forma de vida colectiva, los que hacen del

Uruguay un país de excepción: “Todos nosotros, sin distinción alguna, gobernados y gobernantes, formamos una férrea unidad en nuestro deseo vivo de trabajar por engrandecer la Nación, por luchar en favor de su permanente progreso, salvando dificultades, corrigiendo injusticias, deseosos de que sea una verdad poderosa el sentimiento de honra y satisfacción de sentirnos ciudadanos de este pequeño y prestigioso país”. (8)

Y esa idealización lo lleva a sostener que: “Es el nuestro un pequeño gran país. Si alguna vez se le pudo llamar con verdad laboratorio de experimentación del derecho laboral, hoy se le puede calificar, con igual razón de pequeño oasis de paz, libertad y justicia en un mundo perturbado por trágicas realidades o comprometedoras perspectivas...” “Tengamos clara conciencia de que el Uruguay es un país de excepción”. (9)

Tan importante como la democracia e íntimamente ligada a ésta porque constituye un elemento integrante de la misma, es la libertad: “Tenemos que preocuparnos en primer termino de asegurar la libertad de los ciudadanos y conquistar un régimen social que les permita vivir con dignidad y sentir el goce, la satisfacción y la necesidad de defender el régimen político en que actúan”.

Definiéndose en torno al principio de la libertad, acentúa sus diferencias con los movimientos populistas que asumían formas «autoritarias». Sostiene que “nada hay más necesario al hombre que la libertad”... “que lo fundamental para toda organización social, es que se cimente sobre la libertad”, porque “la libertad es el elemento principal para la vida colectiva y cualquier régimen que niegue el principio de libertad, es malo por eso mismo”, y que “la libertad no se alcanza sino a través del régimen de la democracia”. (10)

Frente a aquellos regímenes que ponen el acento en la seguridad económica, firmará que “la seguridad sin libertad es opresión en lo social y dictadura en lo político” (11), que “no hay régimen para el hombre trabajador, como la democracia. Porque el hombre trabajador lo que necesita es la libertad y en la libertad los hombres trabajadores podrán conquistar todos sus derechos”, ... dado que “sin libertad los obreros no podrán alcanzar ninguna conquista económica”. (12)

Insiste en esos conceptos rechazando la posibilidad de alcanzar avances positivos fuera del marco de la democracia: “No creemos en las mejoras sociales ni en los progresos técnicos que para alcanzarlos sea necesario renunciar a la libertad de los hombres y de los pueblos y entendemos por el contrario que esos son caminos de nueva esclavitud [...] El progreso social de la humanidad y hasta la evolución con urgencia de las mismas fuerzas sociales que aseguren una mejor justicia, pueden alcanzarse sin debilitar ni rozar la libertad”. (13)

Esa filosofía liberal lo ubica en abierta discrepancia con el comunismo, doctrina a la que considera negadora de la libertad, a la que enfrenta en el plano de las ideas y entiende se le debe vencer con la realización de la justicia social: “en este país, cuando se hace buen Batllismo el comunismo no tiene función ni tiene nada que hacer”. (14)

En tal forma democracia y libertad constituyen dos conceptos inseparables dentro de la ideología neobatllista, conceptos vitales que hay que afirmarlos en una actitud militante: “...la democracia hay que afirmarla con el voto. La democracia hay que afirmarla en la calle. Hay que asegurarla con el fusil si es necesario”. (15)

Es por ello que el destino del país aparece integrado en los valores que encierran ambos conceptos: “sin libertad política, sin libertad de prensa, sin leyes que aseguren la tranquilidad económica y el desarrollo de nuestras familias será imposible que podamos andar el camino que nos hemos trazado para cumplir con nuestras obligaciones, porque la garantía de los derechos humanos y la defensa de las libertades nos obliga a que vivamos en regimenes de democracias ciertas y reales... es el único camino para alejar el peligro de las infiltraciones totalitarias que encuentran su mejor caldo de cultivo allí donde se niegan las libertades y se violan los principios democráticos”. (16)

c) Industrialización

Una de las ideas básicas del neo-batllismo es la industrialización. Hemos destacado cómo ese movimiento se definía por la elaboración de un “modelo” industrial para el desarrollo del país, y cómo interpretaba y satisfacía las expectativas de las diversas clases que conformaban la alianza en que se apoyaba.

En los discursos de Luis Batlle y en los editoriales del diario “Acción”, se puso el acento en la necesidad de industrializar el país promoviendo la expansión de las industrias existentes y la creación de otras nuevas, desarrollando un intenso proteccionismo basado fundamentalmente en la política cambiarla. En tal forma la actividad privada se transformó en el centro de la expansión económica al amparo de la protección que le dispensó el Estado.

En esa orientación fue visible la concordancia entre las ideas del gobierno y las que sostuvieron los industriales respecto al destino del Uruguay y la política necesaria para realizar el modelo de desarrollo que se proponían.

Ya al asumir el mando en 1947 Luis Batlle hizo referencia en su discurso al desarrollo de la industria: “Esta actividad de trabajo y estos salarios han creado un mejor standard de vida y han facilitado una evolución económica y social que se hace de absoluta necesidad mantener y defender y el gobierno ha de organizar todos los esfuerzos que están a su alcance para afirmar esa riqueza”. (17)

En opinión del gobierno la industria es la principal actividad creadora de riqueza y por eso manifiesta continuamente su intención de protegerla de sus enemigos, cualquiera sea su importancia: “Vamos a garantirlos a los pequeños industriales como igualmente a los grandes industriales, el capital necesario para el desenvolvimiento de sus industrias” ... “vamos a crear el Banco Industrial del Estado con cincuenta o sesenta millones de pesos para que sea el Estado el que auxilie y fomente las industrias nacionales, para defender a los industriales, chicos o grandes, del capital extranjero... yo me he defendido siempre de todas las infiltraciones del capital extranjero [...] ” (18)

Con estilo llano y directo, fácilmente comprensible por todos, explica cuáles son las

ventajas de una industria nacional: “Al lado de la industria que crea la clase media, al lado de la industria viene el salario bien remunerado del obrero, al lado de la industria viene el capital, al lado de la industria viene toda la organización administrativa bien paga. Al lado de la industria se realiza y se hace toda una riqueza que se reparte entre los trabajadores porque la industria lo que necesita son brazos y entonces a los brazos es a donde llega en reparto justo la ganancia que provoca esa industria, y en ese sentido tenemos que hablar con claridad al pueblo: no están haciendo como lo pretenden algunos que falsean la verdad, capitalismo para los capitalistas, no, están haciendo riqueza para que llegue al pueblo, para que se repartan entre los hombres de trabajo [...] ” (19)

Y con motivo del proyecto gubernamental que acordaba franquicias para las industrias a instalarse en el país, el mismo periódico expresaba el 3 de abril: “La preocupación que ha guiado la mente del Ejecutivo ha sido la de promover la creación de fuentes de trabajo”[...]

“Con verdad puede afirmarse que la amplia liberación de gabelas que se acuerda a quienes vengan a establecer en el país una industria nueva, constituye algo equivalente a la creación de un verdadero «seguro de rendimiento» para los capitales que pudieran invertirse en empresas de ese carácter”.

Los beneficios que se le asegura a los inversores se extienden a las otras clases: “...la libertad económica del pueblo depende de la industria y nosotros vamos a defender a la industria que paga buenos salarios”.

“Creemos en la necesidad de desarrollar nuestras industrias y sentimos que nuestro deber es imponerlas y para ello hemos de organizar la batalla económica [...] hemos de buscar los caminos para que esta materia prima que es riqueza nuestra sirva para asegurarle trabajo a nuestros obreros y sea fuente de riqueza y prosperidad para la nación”. (23)

Pero esa responsabilidad no corresponde solamente al gobierno: “fomentar esas industrias es obligación de todos, el Estado, las fuerzas capitalistas creadoras de ellas y el capital obrero que las hace marchar y progresar”. (24)

No es de extrañar que ese lenguaje obrerista en el que se destaca la importancia del trabajo creador de los obreros y la necesidad de que compartan los beneficios de la industrialización le haya permitido lograr el apoyo de amplios sectores del proletariado.

e) Capital y trabajo. La “paz social”

La ideología del neobatllismo en estos temas es ambigua, pues si bien evidencia inquietud frente al problema social y utiliza un lenguaje de tónica obrerista, en lo esencial sostiene el sistema imperante, formulando solamente la distinción entre el buen y el mal uso del capital; rechaza el antagonismo entre el capital y el trabajo sosteniendo la “paz social” en una conciliación de clases, aunque reconoce el derecho de los obreros a luchar por sus reivindicaciones.

En esa filosofía social la intervención del Estado como árbitro y como instrumento para redistribuir la riqueza eliminando las diferencias sociales más agudas, adquiere una importancia primordial.

En este aspecto se dieron notorias diferencias entre la ideología de los industriales y el neobatllismo. Si bien ambos desenvolvieron en forma paralela el concepto de la “paz social” y la mancomunidad de intereses en la empresa, el neobatllismo, tanto por su filosofía social como por razones político-electorales, no podía ignorar las reivindicaciones obreras y buscó procurarles adecuadas soluciones.

En relación con estos temas, en su ya mencionado discurso al asumir la Presidencia en 1947, Luis Batlle señalaba: “La violencia del capital para imponer su quietismo a todo lo que ha conquistado no puede tolerarse; la violencia por parte de quienes quieren andar rápidamente tampoco puede tolerarse”.

En tal sentido el Estado debe contribuir al mantenimiento de la paz social: “Propiciando y fomentando leyes de justicia y buscando las mejores soluciones que intensifiquen el trabajo gestando riqueza; la que ha de ser equitativamente repartida, porque la riqueza producida por todos no es propiedad del capital sino que buena parte de ella es del trabajador, y justo es que se reparta con equidad y llegue hasta todas las clases brindando bienestar a todos tos que la han producido”.

Esos conceptos se reiteran constantemente en sus discursos y mensajes: “Sé además que la clase trabajadora es la que forma el pueblo y sé también que la riqueza la forman los trabajadores y por lo tanto debe ser compartida también por ellos”. (37)

“Cuando se amasa la riqueza entre el capitalista y el trabajador, lo que se produce es de todos y tiene que repartirse con equidad para que no exista el que lo tiene todo y el que no tiene nada, porque eso no es ni la tranquilidad ni la paz, ni la justicia; eso es la arbitrariedad y con arbitrariedad no podemos asegurar la paz social”. (38)

De esas ideas se deduce cuál debe ser la función del Estado para asegurar la paz social: “El gobierno no se mueve para borrar injusticias provocando otras injusticias, sino que el actúa en el deseo de acercar a las fuerzas sociales y económicas que distantes entre ellas y en opinión podrían provocar lucha de violentas perturbaciones y los hechos dicen que las masas populares oprimidas reaccionan fuertemente y la preocupación de los gobernantes debe estar en alejar con mano firme esa opresión para que no estalle esta temida lucha...”

(39) Si bien no acepta el concepto de la lucha de clases, reconoce su existencia y reitera la importancia de la acción del Estado para impedir su desarrollo: “Creemos que por encima de las clases sociales está el hombre sin distinción de razas, naciones, clases o creencias, que por su sola condición humana tiene derecho a la Libertad Política y a la Seguridad Social”. “Eso no quiere decir no reconocer los conflictos de clases”. (40)

“La lucha de clases nace de la injusticia de clases. Se nutre con el desmedido afán de ganancias de quienes buscan en los factores de desequilibrio de las condiciones económicas, puntal para el logro de mayores beneficios”. (41)

“Combatimos la lucha de clases porque entraña la siembra de odios. Pero lucharemos contra la diferencia de clases, por una igualdad sin trampas monopolistas y una abundancia económica fundamentada en la totalidad del precio del trabajo humano. La Seguridad Social se ha conciliado teóricamente con la Libertad Política y ese privilegio de la extrema derecha o la mentira pública de la falsa izquierda, son los últimos manotazos del ahogado en las olas de la Revolución de Nuestro Tiempo”. (42)

La conciliación de los opuestos que se traduce en la paz social no puede ser el resultado de una imposición, sino de la justicia social que evita andar por “los caminos de la violencia y el desorden”: “[...] Sobre un país pobre o violentado en su economía o en sus finanzas, no se puede afirmar el bienestar colectivo... no se puede afirmar el bienestar colectivo con la presencia de núcleos de pobres de solemnidad frente a la existencia de algunos poderosos y ese desnivel además de arbitrario es peligroso y la ley debe ir con apresuramiento para corregir estas injusticias”. (43)

“La paz social se ha de encontrar cuando se haga participar a los empleados y obreros de la riqueza que producen con su trabajo y estas conquistas serán orden en lo social y paz en lo político y progreso en lo económico”. (44)

En un lenguaje que excedía su tono habitual llegará a sostener que: “...el Gobierno no está para defender a los ricos, sino para defender al pueblo, que es la verdadera fuerza del país [...] porque es una verdad que no la puedo callar, que los hombres que tienen demasiado y están rodeados por necesitados, me incomodan. Me incomodan y a esos los tengo como enemigos de la sociedad”. (42)

Esos planteamientos en los que no dejan de gravitar las necesidades electorales del político, reflejan sus inquietudes sociales que se manifiestan frente a otros aspectos agudos de la situación social del período, como fueron las huelgas obreras. Si bien rechazó ese medio de lucha de los trabajadores, lo admitió como un hecho social: “Creo que a los huelguistas hay que hacerles sentir que la huelga no es el camino adecuado para encontrar soluciones; pero es necesario que ellos tengan la seguridad de que se les va a oír y se les va a respetar y no se les va a engañar”. (46)

Simultáneamente desarrolló toda una concepción con respecto al capitalismo –a la que hemos hecho referencia– en la que sin referirse al sistema, que acepta, formula la distinción entre el “capital justo”, digno de ser, defendido y el “capital injusto”, que repudia, siendo evidente la imposibilidad de establecer los límites que los separan.

“El capital cuando no es injusto, también es trabajador; cuando el capital se pone en

actitud de injusticia es arbitrario y quiere darle al capital el poder del capital, entonces ya deja de ser trabajador; pero cuando el capital es invertido en promover trabajo y tiene ánimo de justicia y de respetar los derechos de los trabajadores, el capital no es un enemigo, sino que es un colaborador más en la acción social y en la acción económica del país. Lo que hay que buscar es que el capital no sea injusto, cuando es injusto hay que abatirlo, porque el capital es la riqueza de todos. Lo puede tener una persona determinada, pero lo ha hecho en el país con el trabajo y el esfuerzo de todos”.

“Cuando el capital se constituye en un enemigo, repito hay que abatirlo. Pero debemos tratar de buscar en el capital la fuerza de colaboración que puede tener en beneficio de la sociedad y de la economía del país, haciendo que el capital se transforme entonces en un trabajador más”. (47)

La ideal aspiración de un equilibrio social que ignora la esencia de las contradicciones del sistema y pretende resolverlas con la buena voluntad y comprensión de las partes, aparece nuevamente explicitada cuando sostiene que: “El capitalista tiene derecho a los beneficios de su capital invertido; pero el obrero tiene el derecho de su capital trabajo que es igualmente o más respetable que el capital dinero, porque al fin capital trabajo es sudor, es desgaste, es esfuerzo personal y permanente y es lo único que tienen los hombres para poder ir atendiendo y resolviendo sus problemas diarios. Pero se hace imprescindible luchar por la comprensión de ambas partes. El capital dinero cuando es injusto, arbitrario, prepotente, es nocivo a la sociedad; pero el capital trabajo de brazos caídos, a desgano, sin buen rendimiento es también igualmente perjudicial a la sociedad. Ambas cosas son malas y contra ellas habrá que luchar”. (48)

Destacamos nuevamente lo confuso y ambiguo del lenguaje. Capital justo y capital injusto; capital trabajador y capital con poder de capital; capital trabajo del obrero...

¿Deliberada confusión por necesidades políticas que le permite eludir una definición categórica sobre el sistema capitalista y sus conflictos? ¿Errores conceptuales en torno a categorías sociales y económicas? Muchas imprecisiones pueden ser atribuidas a las circunstancias en que esos temas fueron considerados –actos de propaganda política en los que la disertación improvisada limitó el ajuste conceptual o traicionó el pensamiento – pero nos inclinamos a pensar que estas imprecisiones son el fruto de un esfuerzo dialéctico –dialéctica verbal – para evitar definiciones sobre temas que, por su trascendencia económico-social, hubieran provocado también definiciones en un heterogéneo electorado.

NOTAS

1) Discurso pronunciado el 14/8/947. El análisis de las ideas fundamentales y de valor universal del pensamiento de Luis Batlle, nos conduce a sostener que en ellas se manifiesta la influencia del notable escritor y dirigente laborista inglés Harold Lasky, uno de cuyos libros tiene precisamente como título “Reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo”.

2) Tomado del mencionado discurso.

3) Mensaje la Asamblea General 15/3/948.

4) Discurso en Paysandú 9/6/952.

5) Discurso 29/6/52.

6) Discurso en el Congreso de Parlamentarios Americanos en Chile 14/4/944.

7) Mensaje a la Asamblea General 15/3/948.

8) Discurso pronunciado al cumplir el 1er. año de Gobierno 29/7/948.

9) Diario “Acción” No 1 - Editorial.

10) Discurso pronunciado en el Liceo de Treinta y Tres 30/10/949.

11) Discurso ante el Congreso del Brasil 3/9/948.

12) Discurso en la Unión de Empleados de Panaderías 2/10/948.

13) Discurso ante la VI Asamblea de las Naciones Unidas 14/11/951.

14) Discurso en Paysandú 12/8/951.

15) Discurso en la Unión de Empleados de Panaderías.

16) Discurso en la OEA 6/12/955.

17) Discurso del 14/8/947.

18) Discurso en Dolores 25/4/948.

19) Discurso en Paysandú 10/10/948.

23) Discurso por cadena radial 25/11/954.

24) Discurso ante la Asamblea General 1/3/955.

37 Discurso en la Unión de Empleados de Panaderías.

38 Discurso del 14/8/947.-

39 Discurso al cumplir el 1er. año de Gobierno 28/7/948.

40 Diario “Acción” 28/4/951.

41 Diario “Acción” 17/11/948.

42 Diario “Acción” 27/11/950.

43 Discurso radial 11/10/950.

44 Mensaje a la Asamblea Genera! 15/2/951.

45 Discurso en El Pintado (Artigas) 30/5/949.

46 Discurso en Montevideo 23/4/952.

47 Discurso en Paysandú 29/6/952.

48 Discurso ante la Asamblea General 1/3/955

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